martes, 19 de marzo de 2013
Welcome to Blabla City
muertes injustas y plagas antediluvianas,
apenas importa, pues también soñé
con paraísos patrocinados por refrescantes bebidas,
y en el telón de azúcar un terrón de acero
y al fondo una postal de una palmera
y un Welcome to Blabla City arañado en la arena,
a los pies de la barbacana de un castillo.
Un niño, un muchacho algo torpe, había robado mi cara
y pisoteaba y pateaba la atalaya arrancándose del pecho
los sueños con napalm y aceite de colza.
El oso del escudo lanzaba besos
y el cerro de los colores se volvió negro.
Mamá, mamá grito al pasillo
sin apenas abrir la puerta, pues me da miedo,
mamá, mamá insisto y no hay respuesta,
así que repto sobre mi barriga helada
hasta el fin de la noche, la mañana.
Pero de nada sirve andar si no hay camino,
ni éxodo que mi nariz ladina no huela,
de nada sirve despertar en el fango
de esta plasta vacuna y pestilente
a la que según parece los dueños del mundo apenas hacen caso
o peor aún: se han acostumbrado
como el tullido a cagarse en las muelas de los otros,
como el fantasma a esconderse de los ojos del adulto,
como el que llega a este jodido verso esperando que al fin
en el siguiente,
no, no, en el siguiente
el autor diga algo interesante o al menos bello,
una imagen que explique porque (mal)gastó su tiempo
sentado en este trono por el que huyen los desperdicios
tres, quizá cinco, minutos mas de lo que se merece.
Aunque onírico un mojón lleva su tiempo.
lunes, 2 de mayo de 2011
el final de las historias que me cuentan
Supongo que debido a esta carencia, de la cual lentamente mis mas cercanos amigos y enemigos se han percatado con mayor o menor fortuna, interrumpen mis historias avanzando un final sorprendente que pierde toda originalidad. Y me miran desconfiados, y resoplan o se llevan las manos a la cabeza, o aparentan falsa emoción al mismo tiempo que sonríen, o ríen escandalosamente. Quizá sea sólo a causa de mi discurso dubitativo, de mis eternas digresiones, mis estultas enumeraciones y mis cultismos desubicados. Como si no quisiera que nadie me entendiese, como si disfrutase con mi discurso muerto y me enroscase de placer en diatribas furibundas de parvulario eructadas frente a un espejo achaflanado.
Así es que me invento el final de las historias que me cuentan y las poso aquí, para que alguien las tome.
domingo, 23 de enero de 2011
la orquesta ibérica
Firmado:
El aún nonato Presidente de la República Ibérica.
jueves, 13 de enero de 2011
el chamán
jueves, 2 de diciembre de 2010
el inútil poder de la barba
Yo, mientras tanto, me voy a afeitar, que no estoy en sierras bolivianas ni estepas siberianas. A ver si al menos así dejo de mezclar estas historias.
miércoles, 13 de octubre de 2010
agua en Madama
lunes, 27 de septiembre de 2010
empezar a escribir un nuevo sueño
en plenitud de sueños que me empeño en no olvidar
en volátiles dátiles que se lanzaran eva y adán.
Clavada te tengo en el aire, un buen aire que voltea choripanes desde tu costado,
pintándome de amarillo los viernes y sus labios...
los labios que no se ofrecen los viernes,
esos malditos labios que se amoratan lentamente,
esos labios cardenalicios incitándonos al vicio,
al temblar de piernas si me estás faltando como no te tuve nunca.
Incrustada como una mancha de café en esa camisa que jamás vestí, ni vestiré,
repito que ni siquiera tengo intención de vestir esa camisa
pues ya no me hacen falta más ropajes que tu brazo cubriéndome las espaldas,
no necesito más que atarnos como un nudo de piernas en la cama,
no preciso más de lenguas yermas y abalorios dentales enmarañándose en el cuello,
con calcáreas arias, con tronadoras odas, con sombrías elegías.
No.
Solicito un quitamanchas, un alicate, una goma de borrar, medialunas en la cama, algo,
el valor para agarrar una nueva hoja en blanco y empezar a escribir un nuevo sueño.
lunes, 13 de septiembre de 2010
le costó desperezarse
martes, 24 de agosto de 2010
Segundos fuera.
K.O.: ¡Diez!... ¡Ding, ding, ding. ding! Fin del combate... combate nulo... así no gana nadie... ¡Nueve!... será posible... ¿cómo puede ser posible?... ¡Ocho!... ella tampoco se levanta... ¡Siete!... un último esfuerzo... ¡un último esfuerzo!... ¡Seis!... yo no soy capaz... ¡Cinco!... al menos que ella se levante... ¡Cuatro!... las piernas no me responden y ella se agarra a las cuerdas... ¡Tres!... atrás escupo sangre... ¡Dos!... no se puede volver... ¡Uno!... no, no se puede quiero escupir.
Octavo y último asalto: Pondré mi rodilla en la lona si hincas la tuya primero. Ni lo sueñes contestó. Intercambiamos golpes ya sin ganas, de manera inconsciente inyectábamos en el cuerpo del otro mucho veneno Sufrir ha de sufrir a la fuerza pensé, sin saber que el daño era recíproco y me minaba en el alma. Ojalá pudiéramos volver a empezar susurré en el preciso momento en que nuestros puños chocaban definitivamente en el rostro del otro.
Séptimo asalto: ¡Por dios que alguien tire la toalla ya!
Sexto asalto: Los dos estamos ya cansados, pero no nos sabemos decir adiós, no nos entendemos, no nos odiamos pero nadie quiere bajarse del ring con la vitola de perdedor. Vas a morder la lona me susurra siempre pierdes, perdiste y volverás a hacerlo. Ella tiene razón, no me defiendo, no merece la pena levantar los brazos, merezco todos sus golpes ¡Venga! Destrózame el hígado. No me ves cómo tengo ya los ojos, sigue atacándolos, ya no puedo sangrar más, me duele verte. Que me atice, que me arañe, que me arranque las legañas a puñetazos.
Quinto asalto: Crochet, uppercut y directo. Dos ganchos de izquierda, esquiva, directo de derechas al mentón y crochet al riñón. Nos agarramos No, no te pienso soltar, de aquí sola no te vas. Se zafa Yo no tengo dueño ¿te enteras? Directo al vientre, otro más, uppercut de izquierda y me remata con un gancho de derecha que no veo venir. Otra vez los labios van al agua, otra vez sus labios se alejan de los míos que manan sangre coagulada y venenosa.
Cuarto asalto: Lo reconozco, salí a matar.
Tercer asalto: Era un ambiente suave y placentero, como un Vals de verano, hasta que algunos espectadores, sintiéndose estafados, empezaron a arrojarnos las sobras de sus comidas. Pudimos evitar los impactos un tiempo, pero el árbitro disfrazado de serpiente me tendió una manzana y yo mordí una almeja. Ella también tenía la boca llena.
Segundo asalto: Sí, tuvo que agarrarse a las cuerdas tras el primer intercambio de golpes, salí con la guardia bajada y no pude ver los dos primeros rápidos crochets al mentón, así que me escondí en mi esquina y besé los labios del agüita milagrosa. Primero ella y después yo fuimos necesitando más y más de la ayuda de las cuerdas para aguantarnos, para chocar más tarde nuestros cuerpos, abrazarnos para no caer, y surgió de ese roce el amor, que no el cariño.
Segundos fuera: Lentamente el sol surgió de entre los montes, colándose por entre las ramas de los pinos, esquivando columnas, tejados de paja o de pladur, zigzagueando por entre la patilla y la lente de unas gafas de sol hasta lamerle la córnea. Bailaban, sorteaban trémulos golpes a los riñones, ganchos al aire, y un directo a la boca como un beso. Empezamos a sudar y las gotas caían temblorosas al piso.
Presentación del combate: No sabes si besarme u odiarme Me dijo como quien golpea y no espera ser golpeado, sin guanteo previo. Simplemente me miró a los ojos, llevaba un buen rato mirándome a los ojos y abrió su boca con una media sonrisa, no pude devolver la percusión, mi mente apenas pudo reaccionar... aunque supiera la respuesta Yo lo que quiero es besarte, para odiarnos siempre tendremos tiempo.
La verdad es que desconozco si la pirata idea me abordó delante de aquella caja tonta marrón que había en casa de mis abuelos, como un intruso virus beligerante y despiadado contra mi conciencia o ese gracioso músculo al que se empeñan en dar vida propia como si no fuera suficiente para él con motorizar al resto de nuestras vísceras. Pero aquellas películas romanticonas, aquellas teleseries insulsas, pedorramente ñoñas, ridículamente falsas, magníficamente estrafalarias e irreales, e incluso aquellas novelas de final feliz que leí algo más tarde, pese a que mi imaginación volase más libre en cuadriláteros de asfalto que las piernas de Cassius Clay, talaron en este bosque de recuerdos sendas en las que difícilmente volverán a brotar tan crédulos árboles. Me cago en mi infancia, me cago en hadas y ninfas, en sueños de ojos abiertos, en la espera. Me cago en pretender volver atrás cuando conocemos el final y anhelamos escribir la historia otra vez, cuando deseamos que suene de nuevo la primera campana. Segundos fuera.
sábado, 24 de julio de 2010
si callo
Señores y señoras mías, si callo es que estoy soñando.
sábado, 17 de julio de 2010
sin palabras hacia bizarria
domingo, 4 de julio de 2010
La mascota de Mrs Northgate
jueves, 27 de mayo de 2010
primavera
miércoles, 24 de febrero de 2010
Dos sueños (silencio y abrazos).
domingo, 29 de noviembre de 2009
How I wish you were here
