domingo, 3 de junio de 2012

Mañana

Mañana voy a dedicarte unas líneas, pensé, cuando en realidad quería hacer un ejercicio masturbatorio, como siempre, frente al espejo, intentando matar de una vez por todas bien al coso bien a boabdil.
Mañana voy a dedicarte unas líneas, grité: ¡al carajo con el silencio! Déjenme gritar cuando expulso semillas, cuando libero libélulas que no conocerán el éxito o el fracaso como papá, sino que morirán en un pañuelo de papel y huirán por el retrete, o morirán resecos en el tacho de la basura sirviendo de alimento a roedores y cucarachas. Olvídense del cuerpo profético y la sangre derramada, del cordero penitente, de los panes y los peces. Olvídense de llevar en secreto el onanismo, olvídense del milagro de la vida, los dioses juegan a escritores y se inventan fábulas con que amedrentar a los simples. Todo es mentira. Mentira como las palabras que en este blog esgrimí durante tres años, mentira como el aparente silencio de los últimos meses.
Mañana voy a dedicarte unas líneas, pensé, y mañana siempre era mañana, nunca llegaba. Hasta hoy.
He vuelto.

jueves, 8 de marzo de 2012

Cientoveinticuatro

Como si nos hubiésemos quedado helados ambos con la entrada número 123. Ahí termina todo. O eso parece.
No hay ánimo ninguno para seguir con este blog que es un muerto desde hace meses, sin llegar a ser un lastre pues al estar en la nube de internet no pesa y es más etéreo que el pedo de una santa.
Por esta y otras razones que sólo conciernen a Boabdil y al que escribe, hemos decidido que sólo escribiremos cuatro, como mucho cinco, entradas más en las que trataremos de explicar algunos asuntos que no han quedado claros o, mejor dicho, no nos han quedado claros a nosotros dos.
No alargaremos mucho la tortura, no va con nosotros.
Salud.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

mis mejores ropas

A Boabdil,
a su manera. Puema por puema.

mis mejores ropas permiten resguardarse del frío
yo no las quiero aunque se empeñen en abrazarme cada mañana
aunque se obcequen en adherirse a esta piel pálida de europeo enfermo
a este cuero mixtura de razas inexistentes ya
a esta envoltura heredada de todo aquel que pasara por esta casa
mis mejores ropas limitan, contraen, irritan las sombras nebulosas de la oscuridad
en que me emperro en deambular hasta el fin de mis días
cuando sean mis mejores ropas solo vestigios horadados por lombrices
mis mejores ropas consienten que mis nalgas se congelen contra el granito
del suelo que piso en esta ciudad, del piso en que poso en esta ciudad
mi culo contra el granito aquél que el hombre usurpó de las montañas
mis mejores ropas consienten que resbale una huérfana gota de lluvia furtiva desde mi hombro
por la manga de la camisa, para alojarse en el ajado ojal de la misma
mis mejores ropas no borran mi gesto serio
ni el surco de lágrimas, si hubo alguna, dibujado sobre mis mejillas
autoabofeteados cachetes frente al espejo frío que no me esconde al mundo
ni me muestra como miss ausente de lecturas
teniente de canciones, pendiente de roperos ajenos
maldito cristal que no me refleja si no visto mis mejores ropas!
maldito cristal que me muestra desproporcionado y vergonzoso!
maldito vidrio amoral que me dice las cosas tal cual son
aunque mis ojos no lo quieran escuchar!

sé que debo huir
sé que debo correr
despojarme de ropajes y quedar nudo
como animal o criatura primigenia y llorosa
y sin embargo mañana volveré a cubrirme con mis mejores ropas
y si a la noche tuviera frío alcanzaré a meter mis pies bajo la mesa camilla
así me ardan al contacto con el brasero, por cobarde!

sábado, 17 de diciembre de 2011

puema inconcluso de amor y piedras rompiendo esperanzas como viejos viejos.

Y le diré a tus hijos la mujer que fuiste,
la mujer que hoy eres, escondida
en las entrañas del volcán.
Les contaré las noches y los días
en que no estabas; ni estás.

Les hablaré del aislamiento voluntario,
del estruendoso silencio que escondían
los gritos dolorosos e infames de las piedras
al chocar con las cabezas, y quebrarse.

Haré añicos sus almas, mas renacerán.
No te preocupes, es todo por su bien,
del mismo modo hicieron nuestros mayores
con nosotros, qué hijos de puta.

sábado, 26 de noviembre de 2011

23.

¿Son los almacenes depósitos de almas?

viernes, 28 de octubre de 2011

En días como hoy

En días como hoy rumio cada bocado y descubro que la segunda vez sabe siempre peor que la primera. Definitivamente no hay beso como el primero: tímido y torpe; y al mismo tiempo emocionante.  
¿Cómo voy a saber qué te gusta a tí si no sé qué quiero yo?

En días como hoy, en los que ni es doce de octubre ni nos equivocamos deliberadamente con las lecciones de historia mal aprendidas en la escuela, me estallan las glándulas lagrimales por lo que pudo ser y no fue, pero, ante todo, explotan por lo que fue y dejó de ser.  
Lamentablemente.

En días como hoy, camino de espaldas buscando la razón primera de mi existencia, más allá de un encuentro entre sábanas de dos que eran jóvenes y soñadores hace ya más de treinta años. Dos que dijeron que se querían tanto que lo que no querían era cumplir con cierto sacramento.
Aunque después cumplieran.

Digo que en estos días, en los que cada vez me siento más cerca del sueño infantil de la mendicidad, en los que me escondo bajo mi parka y dejo que la lluvia inunde mi tonsura incipiente, trato, sin fortuna, reinventarme. Y me quiebro en dos de un tajo que solo la vida asesta tan violento, y me rompo en pedazos como solo los perros destrozan las tareas del colegio, y me descompongo como solo cierto licor de dátil me arrasa el intestino y precipita toda la flora que ¡falso, falso, cien veces falso! un yogur adosó a sus paredes.

En días como hoy, en los que miro por la ventana como mujer de otro siglo, te estoy extrañando, Latinoamérica. Y aunque tengo muy claro por qué, soy incapaz de verbalizarlo sino es así, de esta manera anárquica que tengo de escribir, como pinceladas vírgenes y huérfanas en un lienzo en blanco que jamás podré completar.

domingo, 16 de octubre de 2011

Express Marrakesh

No hace mucho tiempo que visité el país adoptivo de Boabdil. En realidad no es su país adoptivo, nadie le ha acogido allí, pero él lo siente como suyo. Es uno de esos extraños asuntos que mi amigo el moro lleva con soberana tranquilidad y normalidad; así, por ejemplo, el bueno de Boa considera que Granada es su patria chica pese a que sólo ha visitado la ciudad del Darro en dos ocasiones. Suficientes dice él para saber que soy hijo directo del desdichado Boabdil. Y en su paranoia blasfema y maldice el caprichoso destino de tener en su pasaporte el hispano escudo y no el emblema del reino alauí.

Boabdil, a causa de su neura fantasiosa y quizá cierta adicción, visita eventualmente el país vecino; parece una broma pero no falto a la verdad si digo que es el único sello que figura en su despreciado pasaporte. Y para más inri, Boa no tiene intención alguna de visitar otro país, por muy occidental o muy árabe que este sea. La vida nace en el Mediterráneo dice podría conocer Italia o Portugal, o quizá la lejana Grecia, podría visitar el sur de Francia, o las nuevas repúblicas balcánicas, pero no creo que me enseñen nada que no haya visto aquí, en mi barrio, en mi ciudad, en mi región o en mi patria. Podría visitar Argelia, Túnez, quizá Egipto y sus pirámides, o el muro de las lamentaciones de Jerusalem, pero creo firmemente que no serán mejores o más bonitos que en las fotos que todos los turistas hacen y se mueren por enseñar. ¡Yo fui tantas veces a Marruecos...! Jamás tiré una foto, aproveché el momento, disfruté del momento... lo guardé en mi cerebro, eso es viajar. Me niego a coleccionar sellos en el puto salvoconducto como si el mero hecho de que un uniformado me pintarrajee el librito me haga más guay, más culto, o mejor persona.

Así como Boabdil visitó el magreb en múltiples ocasiones, esos días fueron mi primera experiencia allí, y ahora que ha pasado ya suficiente tiempo como para valorar lo que ví, lo que viví o lo que sentí no pienso hacerlo. Me lo guardo para mí. Me lo guardo porque muchos antes que yo fueron a Marruecos, y muchos de aquellos que fueron me contaron con todo tipo de señales qué vieron, qué vivieron y qué sintieron. Escuché historias asombrosas e inquietantes sobre cómo era la vida en un lugar tan cercano geográficamente y tan lejano en espíritu y mentalidad. Cuidado con la policía me dijeron no te vas a librar de un control policial en el que te pidan dinero inventándose que ibas a 140 km/h por tal o cual carretera. Cuidado con los extraños, no te fíes, lo único que quieren es robarte. Cuidado con la comida, no comas ensaladas ni nada que no esté bien cocinado. No bebas agua que no esté embotellada. No hables en francés si no eres francés. ¡Me dijeron tantas cosas! Nos decímos tantas cosas que ¡claro! al final uno cruza el estrecho con mil ojos para comprobar que la experiencia de uno es la única experiencia válida.

¿Y tu experiencia fue? Me pregunta Boabdil que mira por encima de mi hombro la pantalla del portátil en que escribo hoy. Express Marrakesh respondo, y entiende a la primera a qué me refiero. Porque con dos palabras le estoy diciendo a mi amigo que miré las estrellas en la oscuridad del desierto con miedo a peerme, que pasé 10 horas en un coche con la absurda idea de que mis amigos me iban a dejar tirado en medio del Atlas, deshidratado, con toda la ropa cagada, acobardado y semiinconsciente si me volvía a hacer de vientre. Le estoy diciendo que pasé unas horas una noche en la jaima de un bereber mofletudo que me quería vender hasta los bigotes de su hermano o, por lo menos, intercambiarlos por medicinas, bebiendo grappa de dátil, comiendo dátiles y bebiendo té. Le estoy diciendo que probé múltiples medicamentos españoles y oriundos que no hicieron ningún efecto, y que finalmente desesperadamente añado probé el remedio casero que todos recomendaban: Coca Cola y leche condensada. Le estoy diciendo que por muy avisado que estuviera era necesario que sufriese aquella horrible gastritis, el posterior tapón y las actuales pruebas médicas que dictaminarán si tengo algún virus porculero en mi ya de por sí maltrecho aparato digestivo. Le estoy diciendo que mi experiencia es única, que es sólo mía aunque muchos la viviesen antes, y que por tanto es inútil para el siguiente que pregunte; que viajar en páginas de papel o sitios web está bien, pero que es mejor oler la mierda que cagamos porque nos hace más fuertes, más cultos, más arrogantes, más estúpidos, más lo que sea que estés buscando ser. Que no es lo mismo escuchar una canción de Crosby, Stills, Nash and Young que vivirla.