jueves, 8 de abril de 2010

De cómo (no) parecer perdido en un museo


Mi padre me lo dijo siempre. Siempre después de un capón. Y aunque el golpe no le quitara razón dolía menos que su voz rebotando en el martillo Pero qué burro eres jomío.

Ahora visito museos gratuitos, me disfrazo de intelectual y me pongo gafas, miro al suelo y me simulo despistado, me rasco el mentón más de la cuenta y me paro ante un cuadro con cara de sentir cada trazada como si el pincel se hubiese empapado en mis venas para parir la obra. En realidad no entiendo nada, es evidente.

Quien me conoce sabe que disfruto más revisando los garabatos de las puertas de los baños más sucios de birbam, o que incluso suelo perder más tiempo mirando de reojo las humedades de los techos en los museos. Al menos las humedades van creciendo.
A mí me parece emocionante.
(Mujer Llorando, Pablo Ruiz Picasso)

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